miércoles, 15 de febrero de 2012

GERMAINE KRULL

GERMAINE KRULL

Germaine Krull.  Transgresión y testimonio de una época
Nacida en Wilda, en la frontera germano polaca, en 1897, Germaine Krull empezó sus estudios de fotografía en Munich, donde en 1918 abrió su estudio y donde trató a Rainer María Rilke y a Max Horkheimer. Militante socialista y defensora de los derechos e igualdad de la mujer, a finales de la década se afilia al Partido Comunista Alemán y su activismo político le lleva a ser expulsada de Baviera, de donde viaja a Rusia, para instalarse en Berlín en 1922.
Germaine Krull empezó a fotografiar desnudos, sobre todo femeninos, en Berlín al comenzar la década de los 20 del pasado siglo, y muchas de esas imágenes ilustraron publicaciones científicas y naturistas. Había tenido una educación tolerante y un tanto heterodoxa que no coartó sus hábitos e inclinaciones masculinas, lo que le dio el temple del varón para cuanto afrontó en la vida.
En 1926 llega a París y al año siguiente se casa con el documentalista holandés Joris Ivens (del que adquiere la nacionalidad), admirador y seguidor de Eisenstein y de Flaherty y autor de “Tierra de España” (1936), estremecedor documento sobre la guerra española al que Hemingway puso la voz del narrador,- cuyos trabajos para el documental “El puente” (1928) despertarán en ella la fascinación por una materia insólita: el paisaje industrial. Germaine Krull lo elevará a la condición de obra maestra en su libro “Métal” (1928). Tras la publicación de “Métal” en 1928, que reunía 64 fotografías sobre un tema tan esencialmente masculino como el paisaje industrial, la fotógrafa alemana Germaine Krull, llamada la “valquiria” de hierro, empezó a estar considerada, junto a André Kertész y Man Ray, entre los mejores fotógrafos de París. A comienzos de nuestra centuria, “Métal” va a ser reconocido como uno de los más importantes libros de fotografía del siglo XX. 
- Durante los siguientes años practicará el fotoperiodismo, visitando Madrid al proclamarse la 2ª Republica. En París se relacionó activamente y fotografió a la élite intelectual francesa (Valéry, Gide, Malraux, Morand, Cocteau, Colette, etc.), así como a numerosos artistas y creadores (el actor Louis Jouvet, el director Jean Renoir, el fotógrafo Eli Lotar, los pintores Robert y Sonia Delaunay, etc.), aunque en muchos casos va a retratarlos de modo peculiar: “La corbata de Félix Labisse”, pintor surrealista; “Las manos Arthur Honegger”, compositor; “La casa de Tristan Tzara”, de Adolf Loos, etc.
 Al estallar la guerra europea viaja a Brasil, de donde pasará a África -primero al Congo y luego a Argelia-, regresando a París al acabar la contienda. Después de un viaje al sureste asiático como corresponsal de guerra, en 1946 se instala en Bangkok donde permanece dos décadas como propietaria de un hotel, periodo durante el cual publica tres libros de fotografías sobre la región y colabora con André Malraux documentando el arte del sudeste de Asia. Al abandonar Tailandia vuelve a París, para al poco tiempo viajar a la India y convertirse a una secta del budismo. Su último gran proyecto fue un libro sobre los tibetanos en la India, publicado en 1968. Tras un accidente vascular ingresó en una residencia de ancianos en Alemania, donde muere en 1985.
Sin embargo, el desnudo seguirá siendo un motivo predilecto en la fotografía de Krull, que evolucionará de una visión de lo femenino marcada por el pictorialismo y las tendencias naturistas, a una expresión creativa y sensual en la que el cuerpo, a veces ciertamente masculinizado de la mujer, ofrece la imagen independiente y moderna, a la vez que seductora y misteriosa de una nueva feminidad. En 1930 edita el portafolio “Étude de nu”, con 24 fotograbados de desnudos, en cuyo texto de presentación va a intentar explicar qué significa para ella la fotografía y quién es el verdadero fotógrafo, aunque la finalidad de sus palabras fueran simplemente aclarar por qué hacía desnudos. Tal aclaración parece razonable al hilo del propio discurso teórico de Krull, donde presenta al fotógrafo como “testigo de su época”, es decir el primer tercio del siglo XX, época socialmente convulsa y transformadora en la que el desnudo, tan allegado a la estética como distante de la ética (sus trabajos en este campo serán calificados de “sátiras de pornografía lesbiana”), no parecía testimoniar ninguna realidad política o sociológica. Aunque verdaderamente sí lo estuviera haciendo: la de una feminidad contemporánea. 



“Espejo reformante” Jean Cocteau
 

Fotografiar es un oficio. Un oficio de artesano. Un oficio que se aprende y debe hacerse más o menos bien, como todos los oficios. Hay arte en todo oficio bien hecho, porque el arte es una elección. La primera disciplina del fotógrafo es saber mirar. Uno mira con sus ojos. El mismo mundo, visto por ojos diferentes, ya no es el mismo mundo. Es el mundo a través de la personalidad. Con un solo disparo, el objetivo registra el mundo por fuera y al fotógrafo por dentro.
 

El objetivo es un ojo mejor hecho que el ojo. Merecería ver el mundo mejor hecho que el mundo, o hecho de otra manera, lo que ya está muy bien. Cada nuevo ángulo multiplica el mundo por sí mismo. La máquina no tiene que inventar, combinar, trucar. No es pintura, ni imaginación. El fotógrafo es un testigo. El testigo de su época. El verdadero fotógrafo es el testigo de todos los días, el reportero. Que no tenga todo el tiempo el ojo a metro y medio del suelo es natural. Pero ha de pensar todo el tiempo en el suelo, en el suelo de hoy, de esta mañana, de este jueves por la mañana, o de aquel día tan hermoso que hemos preferido no saber su nombre. El mundo. El mundo de la época. Y el hombre que no es más que otro objeto móvil en el mundo, y en su época. Y el hombre, moralmente idéntico a través del tiempo. ¿Por qué desnudos? Porque es hermoso desde siempre y porque una mañana de verano me apeteció.
 
 

(Texto reestructurado a partir de  FotografiaenCanarias.com)



                                                          1917


                                                          1920
                                                           1923

                                                                  1928



                                                                   1929






                                                        Desnudo en un cabaret, 1929








                                 










































Les amies

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